La leche condensada, dada
su particular composición rica en azúcares, está considerada como un alimento
de alta densidad energética, por lo que conviene moderar su consumo, al igual
que el de cualquier otro alimento azucarado. En su versión desnatada es cierto
que se reduce la grasa, pero no las calorías como pudiera pensarse, pues para
conseguir un sabor equivalente a la versión supuestamente light también se le
añade azúcar en cantidades importantes.
De cualquier forma, en una u otra versión, su consumo no se
considera adecuado en aquellas enfermedades en las que se deba controlar la
ingesta de azúcares, como diabetes, los triglicéridos elevados, la obesidad,
etc. Por su aporte energético, estos alimentos pueden ser útiles para quienes
precisan dietas hipercalóricas, bien por motivos de salud o bien porque el
esfuerzo físico que realizan así lo requiere. El contenido mínimo de grasa es
del 9%, luego el valor calórico de este alimento está condicionado por la
cantidad de grasa de la leche, y fundamentalmente por la cantidad de azúcar
añadido.


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